DE BOINAS, TXAPELAS, BARRETINAS, CAPIROTES Y DEMÁS ARTÍCULOS DE ESTE JAEZ.
Artilugios todos ellos cuya finalidad es colocarse en la cabeza del portador como parte de su atuendo para evitar o aliviar determinadas inclemencias atmosféricas molestas o para otros fines.
Son característicos, cada uno, del atuendo tradicional de una región y, son, por tanto, utilizados en ocasiones como símbolo de pertenencia a un grupo social determinado: pueblo, tribu, región, nacionalidad, estado o similares.
Hoy, ya no se lleva! …¿o sí?.
Como toda prenda de vestir, los que la llevan, acostumbran hacerlo de muchas y muy variadas formas. Existe la forma “elegante”, la forma “descuidada”, la forma “macarra”,… y hay una, muy peculiar, denominada, “enroscada”.
Consiste, esta última, -como su propia palabra indica- en hacerse todo uno con la cabeza, de forma tal que cerebro y artilugio forman un solo bloque.
Los hay de una sola , de dos o de más vueltas de rosca. En cada uno de ellos el objeto, se sitúa en posición progresivamente más baja, llegando incluso en algunos casos a ocultar la propia visión del sujeto que queda a oscuras con su pensamiento encerrado por el elemento correspondiente.
Son aquellos que piensan con la boina, o mejor dicho, la boina piensa por ellos.
No pueden tener otro tipo de pensamientos que no sean los amparados bajo su “manto protector”, y no pueden, ni quieren abrirse al exterior que para ellos, ni siquiera existe. El cerebro se encuentra así calentito y confortable.
En aquellos que no llega a estar muy enroscada, los ojos aún permiten su visión; pero ésta es parcial ya que los “susodichos objetos” poseen normalmente salientes que impiden un ángulo de visión total. Su campo visual queda reducido en mayor o menor grado. Su pensamiento queda obligado por tales circunstancias y acaban viendo las realidades externas de la vida como por un “canuto”, como quien ve la naturaleza desde dentro de un túnel.
Alguien debería decir a todos ellos que –si se quiere llevar esa prenda- debe hacerse con “elegancia” y “distinción “; y “descubrirse” (darle las vueltas pertinentes en sentido contrario) ,al menos, en aquellas ocasiones que la convivencia con el resto de la gente y el protocolo de educación en el trato con las personas así lo requieren.
Y, a lo mejor, así también se den cuenta de la riqueza y variedad de matices que tienen el resto de personas y cosas, las suyas incluídas.